7 de agosto de 2022

SALMO 42 NVI

LIBRO II

Salmos 42–72

Al director musical. Masquil de los hijos de Coré.

Cual ciervo jadeante en busca del agua,

así te busca, oh Dios, todo mi ser.

Tengo sed de Dios, del Dios de la vida.

¿Cuándo podré presentarme ante Dios?

Mis lágrimas son mi pan de día y de noche,

mientras me echan en cara a todas horas:

«¿Dónde está tu Dios?»

Recuerdo esto y me deshago en llanto:

yo solía ir con la multitud,

y la conducía a la casa de Dios.

Entre voces de alegría y acciones de gracias

hacíamos gran celebración.

¿Por qué voy a inquietarme?

¿Por qué me voy a angustiar?

En Dios pondré mi esperanza

y todavía lo alabaré.

¡Él es mi Salvador y mi Dios!

Me siento sumamente angustiado;

por eso, mi Dios, pienso en ti

desde la tierra del Jordán,

desde las alturas del Hermón,

desde el monte Mizar.

Un abismo llama a otro abismo

en el rugir de tus cascadas;

todas tus ondas y tus olas

se han precipitado sobre mí.

Esta es la oración al Dios de mi vida:

que de día el Señor mande su amor,

y de noche su canto me acompañe.

Y le digo a Dios, a mi Roca:

«¿Por qué me has olvidado?

¿Por qué debo andar de luto

y oprimido por el enemigo?»

Mortal agonía me penetra hasta los huesos

ante la burla de mis adversarios,

mientras me echan en cara a todas horas:

«¿Dónde está tu Dios?»

¿Por qué voy a inquietarme?

¿Por qué me voy a angustiar?

En Dios pondré mi esperanza,

y todavía lo alabaré.

¡Él es mi Salvador y mi Dios!