Todos hemos notado que los niños suelen tener un parecido con su familia. Eso también es cierto en la familia de Dios. Se llama semejanza a Cristo.

Ser más como Cristo es el objetivo de todo cristiano, pero ¿cómo es eso y cómo es posible? Piensa en la naturaleza de Dios. ¿Podemos ser como Él? Él es omnipotente y nosotros no. Él es omnisciente y nosotros no. Él es omnipresente… bueno, ya entiendes la idea. No, por supuesto que Dios no comparte esas cualidades con nosotros, ¡y por buenos motivos! Pero Dios también es santo y elige compartir esa cualidad con nosotros. De hecho, Él lo ordena. Su llamado es que seamos santos como Él (1 Pedro 1:15-16). Es un llamado a ser como Cristo.

La santidad es un tema importante de la Biblia. El pueblo de Dios en el Antiguo Testamento tenía días santos, como el Sabbat y fiestas religiosas, y tenía espacios santos, como el tabernáculo y el templo. Incluso vivieron en la Tierra Santa. Eso tiene sentido, porque ser santo significa ser apartado para el uso de Dios (la palabra bíblica para eso es santificación). Dios también les dijo que ellos mismos debían ser santos, un pueblo santo apartado para Él.

En el Nuevo Testamento aprendemos más sobre este asombroso privilegio. La santificación es la obra del Espíritu Santo de Dios dentro de nosotros, una obra que comienza con nuestra conversión espiritual. Cuando nos arrepentimos de nuestros pecados y ponemos nuestra fe en Jesucristo, somos salvos. Esta salvación no solo proporciona el perdón de nuestros pecados, sino que el Espíritu Santo también comienza a cambiar nuestros corazones. Es lo que se llama “santificación inicial”, cuando inicia el proceso de ser apartados.

Pero a pesar del gozo de ser perdonados, lo que normalmente experimentamos es una vida espiritual de altibajos, ¿no es así? Es fácil volver a caer en viejos hábitos, viejos comportamientos y viejas actitudes. Puede que Cristo sea Señor de algunos aspectos de nuestras vidas, pero no de todos. Es posible que estemos creciendo espiritualmente… un proceso llamado “santificación progresiva”… pero no tanto como nos gustaría o necesitamos.

Muchos aceptan esto como la vida cristiana normal, pero Juan Wesley (1703-1791) no estaba de acuerdo. Wesley, ministro de la Iglesia de Inglaterra, ex profesor de la Universidad de Oxford y fundador del movimiento metodista, estaba convencido de que Dios puede hacer más con nuestro pecado que simplemente seguir perdonándolo. Su estudio de la Biblia y de los textos de grandes cristianos a lo largo de la historia, junto con su observación de la forma en que el Espíritu obraba en su vida y en la vida de quienes lo rodeaban, lo convencieron de que Dios no solo llama a los pecadores al arrepentimiento, sino que también llama a los creyentes a una vida de fe más profunda, una vida más semejante a Jesús.

En la conversión, Dios perdona nuestros actos voluntarios de pecado. En la “entera santificación”, Él trata el problema detrás del problema (la naturaleza pecaminosa en nosotros que produce esos actos de pecado) y limpia lo que el pecado había contaminado dentro de nosotros. Finalmente, somos libres para relacionarnos correctamente con Dios y con los demás. Por eso se ha llamado a la entera santificación “la segunda mitad del evangelio”.

Wesley fue criticado por su obispo, quien le exigió que dejara de predicar algo que, en su opinión, solo era cierto para los cristianos de élite. Afirmaba que sin duda tal nivel de poder y pureza espiritual estaban fuera del alcance de los creyentes ordinarios, Pero Wesley insistió en que la Biblia llama a todos los creyentes a este nivel de vida. A pesar de las objeciones del obispo, continuó predicándolo no solo en iglesias y capillas, sino en cualquier lugar donde pudiera encontrar una audiencia. El mensaje de la santidad del corazón y de vida produjo importantes avivamientos espirituales tanto en Inglaterra como en Estados Unidos y hoy es la experiencia de innumerables personas en muchas y diferentes denominaciones, incluida La Iglesia Wesleyana.

Cuando se le pidió a Wesley que analizara este mensaje y explicara lo que quería decir, citó lo que Jesús identificó como el gran mandamiento: amar a Dios y amar a los demás. La santidad cristiana, dijo Wesley, era simplemente amor: un nuevo nivel de amor hecho posible por la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas.

En respuesta a quienes decían que tal experiencia solo estaba disponible para nosotros en el cielo, Wesley señaló que el llamado de Dios a vivir ese tipo de vida centrada en Cristo fue dado a su pueblo aquí y ahora. Por supuesto que el cielo alberga infinitas bendiciones, pero esta obra de la gracia de Dios en nosotros es un anticipo del cielo que nos bendice (y a otros a través de nosotros) en nuestro camino hacia allí.

Cuando Pablo oraba por los cristianos del primer siglo, a los que escribía, para que fueran santificados “por completo” (1 Tesalonicenses 5.23), lo que él tenía en mente era la limpieza divina del espíritu rebelde por el pecado en nuestros corazones, el amor de Dios desatado en nuestras vidas y el poder de Dios para un servicio eficaz en la Iglesia y en el mundo. Esto no significa que estaremos libres de tentaciones, errores, debilidades humanas y otras deficiencias; ese nivel de libertad nos espera en el cielo. Tampoco significa que hayamos “llegado” y no necesitemos seguir creciendo. Pero sí significa que podremos servirle sin el corazón dividido que nos lo impedía antes, y eso nos impulsará a crecer más que nunca.

Conformarnos con menos de lo mejor que Dios tiene para nosotros sería como aquel que ahorró para un crucero por el Mediterráneo. Le costó hasta el último dólar que tenía, y en lugar de disfrutar de las comidas a bordo del barco, comió sándwiches en su camarote todos los días. Demasiado tarde descubrió que las comidas estaban incluidas con su pasaje. ¡Podría haber estado cenando en la mesa del capitán! Pero vivió por debajo de sus privilegios.

Nosotros también, si nos conformamos con un caminar cristiano de altibajos cuando podríamos estar viviendo en victoria espiritual.

Bob Black es de la tercera generación de ministros wesleyanos en su familia y profesor emérito de Religión en Southern Wesleyan University, Central, Carolina del Sur.

 

Preguntas para reflexionar y conversar

  • La “santificación inicial” comienza a apartarnos cambiando nuestros corazones. Piensa en tus primeros días como creyente en Jesucristo. ¿De qué maneras te diste cuenta de que el Espíritu Santo estaba cambiando tu corazón?
  • La entera santificación ha sido llamada “la segunda mitad del evangelio”. ¿Por qué se utiliza este término? ¿Qué ocurre durante el proceso de la entera santificación?
  • ¿Cuál término básico utilizó Juan Wesley para describir la santidad cristiana? ¿Cómo lo demuestras en tu vida diaria?
  • El apóstol Pablo nos anima a ser santificados “por completo” en 1 Tesalonicenses 5:23. ¿Qué aspecto tiene esto en la vida de un cristiano de hoy?

 

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