Por muchos años, he caminado con el Señor en medio de temporadas de dificultad y de gran alegría. A lo largo de todo ese tiempo, una práctica me ha mantenido firme: aprender a buscar primero Su sabiduría. El libro de Proverbios habla con frecuencia del consejo sabio y de seguir instrucciones, y con el tiempo he llegado a una convicción firme: Dios lo sabe todo. Él es el Creador del universo, el gran Arquitecto de todas las cosas, y sabe muchísimo más de lo que yo jamás podría saber.

Por eso, he aprendido a dedicar mis energías a cultivar una comunión constante con Él, invitando Su sabiduría a formar parte de mi vida cotidiana, mis decisiones, mis acciones e incluso mi manera de ver las cosas. Esa actitud ha transformado por completo mi comprensión de lo que significa colaborar con Dios aquí en la tierra.

Las Escrituras dejan claro que Dios tiene un plan y un propósito para todas las cosas. Él actúa con estrategia, intención y reflexión. Si realmente creemos que Su palabra es verdadera, que Él es fiel y que nos creó con un propósito, entonces también debemos reconocer que decide obrar por medio de Su pueblo para cumplir Sus propósitos. A lo largo de la Biblia, vemos a Dios poner en marcha Sus planes mediante la obediencia de personas comunes y corrientes. Cuando se resisten, hay consecuencias. Cuando obedecen, hay fruto. Dios no siempre actúa con mano poderosa para cambiarlo todo al instante. Más a menudo, pone Su mano sobre las personas y las empodera para actuar con Él.

He aprendido a ver mi vida no como algo que le ofrezco a Dios, sino como algo que vivo con Él. Por lo tanto, ser empoderados no significa ser independientes, sino colaborar con Dios.

Cuando pienso en lo que significa ser empoderado, me viene a la mente la Gran Comisión de Mateo 28. Jesús les dice a sus discípulos que vayan y hagan discípulos, pero antes declara que toda autoridad Le ha sido dada. Los envía bajo esa autoridad. Esto es importante. No vamos apoyados en nuestras propias fuerzas, sabiduría o confianza. Vamos empoderados por el Dios Todopoderoso, que obra en nosotros, a través de nosotros y con nosotros para extender Su reino. Cuando realmente creemos esto, nuestras palabras, acciones y vidas comienzan a alinearse con esa realidad.

Una manera en que Dios nos invita a colaborar con Él es poniendo compasión y cargas santas en nuestro corazón. A algunos les duele la situación de las personas sin hogar. A otros les preocupa la falta de espacios seguros para los niños de sus comunidades. En mi caso, siempre me ha conmovido profundamente el sufrimiento de los niños vulnerables, especialmente de quienes sufren abuso y negligencia. Con el tiempo, esa carga me llevó a acoger niños en hogares de crianza temporal, donde la obediencia exigía más que oración. Exigía presencia, sacrificio y confianza. Dios no eliminó la necesidad. Me invitó a involucrarme en ella.

Esto es lo que he aprendido: muchas veces, la carga misma es la invitación. Oramos para que Dios envíe a alguien, mientras pasamos por alto la posibilidad de que nosotros somos la respuesta que le estamos pidiendo.

Hemos sido empoderados para actuar. Jesús envió al Espíritu Santo para que habitara en nosotros y nos capacitara para ir, hacer discípulos, enseñar y ser un ejemplo de cómo es caminar con Él. El Espíritu Santo es la fuerza que Dios nos ha dado para enfrentar el quebrantamiento del mundo. La solución de Dios a los problemas del mundo no consiste en esperar pasivamente, sino en personas entregadas dispuestas a actuar con Él, edificar con Él y confiar en Él con los resultados.

Quiero concluir compartiendo algo que el Señor me dijo directamente, tal como lo recibí:

“Estoy derramando mi Espíritu sobre toda carne, lo cual los empodera para actuar en mi Espíritu. Me llevan consigo adondequiera que van. Adonde los envío, mi presencia los acompaña. Las preocupaciones y cargas que tienen son mías. En lugar de pedirme que haga algo respecto a una situación, pregúntenme: ¿Cómo puedo ser un instrumento para producir un cambio? Esta vida se trata de colaborar conmigo. Mi pueblo no debe limitarse a esperar que el genio de la lámpara le conceda sus deseos. YO SOY el Dios Todopoderoso. He invitado a mis hijos a hacer grandes cosas y a tener un impacto junto conmigo. Una vez que me pregunten qué pueden hacer, sigan las pistas que les vaya dejando. Presten atención a la dirección del Espíritu Santo. ¿Qué les transmite paz? ¿Qué le dará gloria a Dios? ¿Cómo pueden usar sus habilidades y capacidades para responder a las oraciones de otras personas? ¿Cómo pueden otros recibir bendición y desear conocerme gracias a ustedes? Mi pueblo es un canal. Obro tanto en ellos como fuera de ellos. Estoy esperando que las personas den el primer paso. No son ustedes quienes me están esperando”.

No somos nosotros quienes estamos esperando a Dios.

Él nos está invitando a actuar.

 

Krystal Talley es ministra ordenada de One Church en High Point, Carolina del Norte.