Las palabras “Lo sentimos mucho, señor y señora Turner, pero su hija ha fallecido” resonarán en mi mente para siempre.
Escribir esas palabras me transporta de nuevo al hospital, donde las enfermeras y el médico examinaban a mi esposa. Amy estaba sumida en la conmoción y la negación, incapaz de asimilar lo que acababan de decirnos. Para mí, aquellas palabras resonaron con una claridad dolorosa.
Nuestra hija había muerto.
Amy afrontó el trabajo de parto con una fortaleza increíble y dio a luz a Caroline Grace Turner. Cuando los médicos pusieron a Caroline en mis brazos, todo a mi alrededor seguía en movimiento, pero sentí que el mundo se había detenido. Miré a nuestra hija, hermosa, silenciosa e inmóvil, sabiendo que nunca crecería.
Días después, estaría junto a su tumba compartiendo un mensaje de esperanza con nuestros familiares y amigos. Pero en aquella habitación del hospital, la esperanza parecía estar a millones de kilómetros de distancia, y comencé a comprender cómo un pastor puede pronunciar palabras de fe mientras necesita que alguien más lo sostenga.
Los pastores también son personas
Como cualquier otra persona, los pastores experimentan dolor, depresión, decepción, agotamiento, soledad y temor. El título de pastor no nos protege del sufrimiento, ni el llamado elimina nuestras limitaciones humanas.
En The Deepest Place: Suffering and the Formation of Hope (El lugar más profundo: el sufrimiento y la formación de la esperanza), el psiquiatra Curt Thompson nos recuerda que el sufrimiento es una realidad humana universal. Los pastores no son los únicos que sufren, pero a menudo se espera que lleven ese sufrimiento de una manera diferente.
Los pastores están llamados a proclamar esperanza, incluso cuando les cuesta encontrarla para sí mismos.
¿Qué hace un pastor cuando se le está rompiendo el corazón, pero el domingo está por llegar? El calendario no se detiene ante el dolor. El púlpito sigue allí y hay que imprimir el boletín.
La gente sigue congregándose: algunos buscan consuelo y otros, respuestas. Acuden al pastor esperando recibir ambas cosas, muchas veces sin darse cuenta de que la persona que tienen delante también puede necesitar consuelo, oración y cuidado.
Durante las temporadas de sufrimiento, los pastores llevan una carga silenciosa y, a menudo, invisible. Podemos proclamar la resurrección mientras permanecemos a la sombra de la tumba. Podemos hablar del gozo mientras atravesamos un valle de tristeza. Podemos recordarles a otros que Dios está cerca mientras, en privado, nos cuesta percibir Su presencia.
Y, aun así, seguimos adelante.
Cuando seguir adelante tiene un costo
A veces Dios nos da la gracia para dar el siguiente paso. A veces seguimos adelante porque creemos que ser fieles significa soportar el dolor sin detenernos. A veces simplemente pensamos que no tenemos permiso para detenernos.
Esa distinción es importante.
La gracia puede permitir que un pastor suba al púlpito a pesar de su dolor personal. Pero esa misma gracia también debería manifestarse cuando una congregación le dice: “Pastor, no tiene que llevar esta carga a solas. Le daremos espacio para descansar y recibir ayuda”.
En tiempos de sufrimiento, un sermón no solo se escribe; también se vive. El dolor puede profundizar la compasión de un pastor y aportar sinceridad a su mensaje, pero el sufrimiento nunca debería convertirse en una prueba de espiritualidad que los pastores se sientan presionados a superar. A veces, la fidelidad significa predicar en medio del dolor. Otras veces, significa permitir que otra persona ocupe el púlpito.
“Pastor, ¿puede orar por mí?”
“Necesitamos que predique este domingo”.
“Usted es muy fuerte. No sé cómo lo hace”.
Los pastores escuchan estas palabras con frecuencia. La mayoría se dicen con gratitud, amor y confianza. Sin embargo, detrás de ellas se esconde una realidad silenciosa:
A veces nos quebramos por dentro mientras intentamos sostener a todos los demás.
Esto no es una queja sobre el ministerio. Es una confesión y una invitación.
Cuando se malinterpreta la fidelidad
Mi experiencia es personal, pero no es un caso aislado. Con demasiada frecuencia, el agotamiento pastoral pasa inadvertido hasta convertirse en desgaste extremo.
Un pastor al que entrevisté no reconoció su agotamiento hasta que terminó sufriendo un desgaste extremo. Confundió la depresión con el exceso de trabajo y se sentía espiritualmente infructuoso y sin rumbo. Su identidad se había entrelazado tanto con el ministerio que no podía imaginarse alejándose de él.
“Así es como se ve la fidelidad, ¿verdad?”, preguntó.
Su pregunta revela una idea equivocada y peligrosa que puede surgir en el ministerio: Si me detengo, descanso o admito que necesito ayuda, le estoy siendo infiel a Dios.
Descansar no significa rechazar el llamado. Establecer límites no demuestra falta de amor. Buscar orientación profesional no es un fracaso espiritual, y pedir ayuda no significa que un pastor haya perdido la fe.
La identidad de un pastor debe permanecer arraigada en Cristo, no en su productividad ni en su capacidad para atender todas las necesidades. Los pastores siguen siendo hijos amados de Dios incluso cuando otra persona asume el liderazgo.
¿Quién cuida al pastor?
La historia de este pastor plantea preguntas difíciles: ¿Permitimos que los pastores sean humanos? ¿Quién cuida a la persona de quien se espera que cuide a todos los demás? ¿Somos capaces de reconocer el agotamiento extremo antes de que se convierta en una crisis? ¿Puede nuestro pastor buscar orientación profesional, establecer límites o admitir “No estoy bien” sin temor?
Es posible que los miembros de la iglesia no puedan quitarle al pastor todas sus cargas. Sin embargo, sí pueden crear una cultura en la que los pastores no tengan que llevarlas solos.
Los pastores necesitan oración y amistad, ánimo y conversaciones sinceras. Necesitan rendición de cuentas, tiempo protegido para sus familias, descanso verdadero y acceso a atención profesional sin que se les considere espiritualmente débiles.
Las iglesias pueden respetar los días libres, fomentar las vacaciones y establecer expectativas realistas sobre la disponibilidad del pastor. También pueden planificar con anticipación quién predicará en su ausencia, qué apoyo de consejería habrá disponible y qué líderes laicos de confianza podrán colaborar, para que la necesidad de descanso del pastor no se convierta en una crisis para la congregación.
Las congregaciones también deben tener presente a la familia del pastor. Ni su cónyuge ni sus hijos deberían tener que renunciar a compartir tiempo con su ser querido para atender cada solicitud. Proteger la vida familiar ayuda a sostener un ministerio saludable.
Lo más importante es que los miembros de la iglesia presten atención no solo a lo que hace su pastor, sino también a cómo se encuentra.
Los vemos
Los pastores experimentarán dolor, se cansarán y enfrentarán decepciones y temporadas de duda. En ocasiones, necesitarán recibir la misma compasión que ofrecen tan generosamente a los demás.
La iglesia debería ser uno de los lugares más seguros para que eso suceda.
A veces, las palabras que más reflejan el carácter de Cristo no son “Pastor, lo necesitamos”. A veces son: “Pastor, lo vemos. Lo amamos. Tómese el tiempo que necesite. Caminaremos a su lado. No está solo”.
Cada octubre, La Iglesia Wesleyana destaca el Mes de Aprecio al Pastor como una oportunidad para dirigir intencionalmente nuestra atención a los pastores y reconocer las cargas que llevan. Es una invitación a que las iglesias practiquen un cuidado que ayude a los pastores a mantenerse íntegros mientras sirven.
Como pastores que sirven bajo el cuidado del Buen Pastor, llevan no solo sus propios dolores, desafíos y luchas, sino también las cargas de las personas a quienes sirven y en cuyas vidas invierten. Aunque esperamos que todas las iglesias expresen gratitud regularmente y reconozcan la labor de sus pastores, esta temporada brinda una oportunidad especial para que las congregaciones de toda La Iglesia Wesleyana se detengan a considerar cómo sirven sus pastores y cómo puede responder la iglesia con ánimo, cuidado y agradecimiento.
Si tu o tu iglesia buscan maneras significativas de expresar agradecimiento a tu pastor, les animamos a explorar los recursos disponibles en Wesleyan.org/event/pam-2026. También pueden comunicarse con la oficina de su distrito para conocer otras oportunidades y recursos disponibles a través de él.
Este octubre, dediquemos tiempo a honrar a nuestros pastores, reconocer su servicio fiel y recordarles que la labor que realizan es importante.
El Dr. Joey Turner es profesor de Servicios Sociales y Humanos y coordinador de Estudios y Pasantías en Southern Wesleyan University, en Central, Carolina del Sur.
