Hablar de salud mental también es parte de la sanidad

Al crecer dentro de la cultura latina, la salud mental no era un tema del que se hablara abiertamente. Y cuando se hablaba de ella, muchas veces era desde una perspectiva negativa. Luchar emocional o mentalmente podía hacer que alguien fuera etiquetado como “loco”, débil, alguien que busca atención o incluso ser apartado de los demás.

Dentro de algunos círculos cristianos, estas luchas también podían interpretarse como una señal de poca fe. Lamentablemente, estos estigmas son una de las razones por las que muchas personas en nuestras comunidades evitan hablar sobre su salud mental. El miedo al juicio, la discriminación o incluso el orgullo pueden mantener a las personas en silencio.

La presión de aparentar fortaleza

Esto es especialmente cierto para muchos hombres dentro de nuestra cultura. Nuestros padres, esposos, hijos, abuelos, hermanos y tíos suelen cargar con la presión de mostrarse siempre fuertes, serenos e inalterables. La vulnerabilidad puede sentirse incómoda cuando se ha crecido creyendo que la fortaleza significa nunca admitir cuando algo pesa en el corazón.

Sin embargo, guardar el dolor no siempre es sinónimo de fortaleza. Muchas veces, reconocer nuestras luchas requiere más valentía que esconderlas.

Lo que Dios me enseñó sobre la humildad

Durante mucho tiempo, yo también luché por comprender plenamente la importancia de la salud mental en mi caminar con Dios. Con el tiempo, el Señor comenzó a mostrarme que vivir para Cristo también significa vivir con humildad. Y la humildad implica reconocer que no fuimos creados para cargar cada peso por nuestra cuenta, sino para depender de un Dios que es mucho más grande que nosotros.

A Jesús no solo le importa nuestro bienestar espiritual y físico; también le importa profundamente nuestro estado emocional y mental.

Filipenses 4:6-7 nos recuerda que no debemos afanarnos por nada, sino presentar todo delante de Dios en oración:

«No se preocupen por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.» (Filipenses 4:6-7)

De igual manera, 2 Timoteo 1:7 nos recuerda que Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino de poder, de amor y de dominio propio:

«Porque Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.» (2 Timoteo 1:7)

Estas verdades no significan que nunca enfrentaremos luchas emocionales o mentales. Más bien, nos recuerdan que no estamos llamados a enfrentarlas solos. Podemos acudir a Dios con cada preocupación, confiando en que Su paz y Su fortaleza nos sostendrán en medio de cualquier dificultad.

Mi experiencia con la ansiedad y el perfeccionismo

En lo personal, he luchado con pensamientos ansiosos, perfeccionismo y temor por el futuro. Aunque no me describiría como una persona diagnosticada con ansiedad, sí he atravesado temporadas en las que la preocupación y el sobrepensar intentaron apoderarse de mi mente.

Con el tiempo, he aprendido que preocuparme más nunca resuelve el problema. Enfocarme excesivamente en el miedo no produce paz. Por el contrario, la verdadera paz llega a través de la rendición y la confianza en Dios.

«Echen toda su ansiedad sobre Él, porque Él cuida de ustedes.» (1 Pedro 5:7)

Ese versículo llegó a ser profundamente personal para mí. Después de todo, ¿por qué permitiría que la preocupación dominara mi mente cuando sirvo a un Dios que amorosamente me invita a poner mis cargas en Sus manos?

No siempre ha sido fácil. Todavía hay momentos en los que me siento tentada a preocuparme o a querer controlar cada resultado. Sin embargo, Dios me sigue recordando que mi seguridad no se encuentra en mi capacidad para prever el futuro, sino en Su fidelidad para sostenerme en cada circunstancia.

No fuimos creados para caminar solos

Muchas veces, la respuesta de Dios también llega a través de las personas que Él pone a nuestro lado.

La sanidad suele comenzar cuando dejamos de fingir que podemos cargar con todo por nuestra cuenta. En mi propia vida, una de las cosas que más me ha ayudado ha sido apoyarme en mi comunidad: líderes espirituales, mentores, amistades cercanas y familiares.

No fuimos creados para atravesar la vida en aislamiento.

Eclesiastés 4:9-10,12 nos recuerda el valor de caminar acompañados y sostenernos unos a otros en tiempos difíciles. A veces, Dios trae consuelo, fortaleza y dirección a través de las personas que coloca a nuestro lado.

Buscar apoyo no es una falta de fe; puede ser una expresión de humildad y sabiduría.

Reflexión final

Si has estado luchando en silencio, quiero animarte a recordar esto: Dios ve tu dolor, conoce tus pensamientos y se preocupa profundamente por cada área de tu vida.

Hablar de salud mental no disminuye nuestra fe. Al contrario, reconocer nuestra necesidad nos acerca más a la gracia y al cuidado de Dios.

Si te identificas con lo antes mencionado, te invitamos a leer la segunda parte. Hablaremos sobre por qué buscar ayuda profesional no es una falta de fe, sino una herramienta que Dios también puede usar para traer sanidad, crecimiento y esperanza en medio de nuestras luchas.

Parte 2: Buscar Ayuda No Es Falta de Fe